Nos
encontramos en pleno S.XXI dentro de una sociedad capitalista, referente última
de valores como la individualidad, la competitividad, la sobreexplotación de
los recursos, el hedonismo y el excesivo afán por el consumo… entre otras
cosas. Se ha perdido en la sociedad occidental el sentimiento más puro de la
colectividad, de lo humano, de la conjunción hombre-naturaleza. Ante este
panorama deshumanizador y fuente de agravios e insatisfacciones, tanto
personales como colectivas, ha habido una inquietud o despertar en el mundo que
empuja a buscar nuevas alternativas que nos guíen a alcanzar “El buen vivir”.
Dejar patente que el buen vivir no es sinónimo de “Vivir bien”, ya que este
último se relaciona con los cánones establecidos dentro de la cultura
occidental como pueden ser; entender el bienestar como una cuestión de ingresos
económicos elevados, posesión de bienes, consumo excesivo de todo tipo de
cosas, en definitiva, que para que unas y unos pocos puedan vivir bien, otras y
otros lo hacen desde la precariedad más absoluta. Aquí puntualizar que existen
diferentes países como India y China, donde personas de todas las edades,
incluidos niñas y niños que no alcanzan la adolescencia, son sometidos a
elevadas jornadas de trabajo para poder sobrevivir. Todo ello condicionado por
las grandes multinacionales que lejos de mirar por el bien común, aniquilan con
sus prácticas comerciales a la humanidad.
Y
es en este punto cuando me cuestiono, ¿Cómo alcanzar el buen vivir si estamos
sumidos en una espiral de consumismo exacerbado, de competitividad sin freno, de recortes en
materia social, educativa y sanitaria? Debemos salir de este pozo sin fondo que
nos lleva a alejarnos de nuestros orígenes como seres humanos, donde la
naturaleza era nuestra compañera y sabia consejera y donde el calor de la
colectividad movía montañas. Echamos la vista al frente y nos encontramos con
países como Bolivia y Ecuador, quienes recogen ya en sus constituciones el
concepto de buen vivir, entendido éste como un modelo de vida más justo, más
sostenible y más ecológico. Su principal objetivo radica en implicar al Estado y
a la sociedad al completo a unir fuerzas para alcanzarlo.
Por
ello, que mejor manera que trabajar desde la educación para luchar por los
derechos de la naturaleza, considerándola sujeto y no objeto. Promoviendo
espacios de reflexión que favorezcan el despertar crítico ante esta lacra
social, donde se le otorga un poder privilegiado a lo material por encima de lo
espiritual. Debemos resaltar en nuestros discursos y en nuestras prácticas el
sentimiento más puro de convivir, un convivir que integra; el respeto mutuo, la
creación de conocimientos compartidos, los derechos y deberes de la ciudadanía,
el afecto, la equidad social, la libertad, la solidaridad, la
responsabilidad……….EL BIENESTAR COMÚN.
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