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jueves, 28 de marzo de 2013

EDUCACIÓN SOCIAL VS CULTURA DOMINANTE


Si consideramos la democracia un proceso en el que intervienen distintos agentes que participan en el mismo de una manera activa, donde todos los miembros tienen voz y se respetan las opiniones de todos/as, estamos frente a un reto como Educadores/as Sociales, puesto que debido a la cultura dominante y el sistema capital, solo se escuchan las voces que poseen más poder y difícilmente tienen peso los argumentos de las voces más quedas.

Como Educadora Social enfoco nuestra labor educativa desde un paradigma socio-crítico atendiendo a la definición que de él aporta Popkewitz (1988) refiriéndose al mismo como el conocimiento y la comprensión de la realidad como praxis, uniendo la teoría y la práctica e integrando conocimientos, valores y acción. El conocimiento debe estar orientado hacia la emancipación y liberación del ser humano, proponiendo la participación de todos/as los/as integrantes como de sí mismo/a, en procesos autorreflexivos y la toma de decisiones consensuadas, las cuales son asumidas de un modo corresponsable.


Hago por tanto una crítica a modos de enseñanza donde prima el cumplimiento de lo establecido como norma, considerando que duerme las mentes creativas y mata la construcción de ideas nuevas. La “obediencia” no es colaborativa, cooperativa y democrática, sino una práctica técnica, instrumental y rígida que aún hoy se da en distintos ámbitos de la educación formal y no formal. Nuestra praxis se enfoca hacia  la enseñanza-aprendizaje en modos de vida que invitan a la participación, a la tolerancia, al pensamiento crítico y reflexivo, ante aquellas realidades que resultan injustas y desiguales. Nuestra manera de interaccionar con los/as educandos se basa en relaciones donde se establecen la aceptación del otro desde una postura de horizontalidad, estando abiertos/as a las distintas posturas que se expongan mediante el diálogo conjunto. Como creemos en la igualdad de oportunidades para todos/as, se establece como eje principal en el intercambio comunicativo, ofrecer a todos los miembros la posibilidad para iniciar conversaciones y de mantener una determinada postura. El poder cuestionar y exponer razones en cuanto a situaciones o formas de ver la realidad, sin que por ello nadie sea coartado para exponer ideas nuevas, aún siendo contrarias al resto. En definitiva, respetar por tanto las voces y reflexiones de todos/as aquellos/as que participen en el proceso. Si democracia es igual a participación activa de todos/as los/as miembros del grupo, construyamos espacios, momentos y lugares, que nos ofrezcan la posibilidad de encontrarnos para poder compartir sentimientos, reflexiones, críticas y aspectos de mejora en la relación educador/a-educando.


La participación es un derecho, pero no solo eso, es también una responsabilidad social, donde es necesario aprender a respetarse, a relacionarse, a comunicarse, a comprender y valorar las opiniones, a comprometerse y tomar parte de una manera autónoma, con una perspectiva que sea global. Y como no, toda comunicación efectiva y positiva necesita de un valor fundamental como es la empatía, teniendo en cuenta que la resolución de los conflictos y diferencias entre seres humanos es factible si sabemos reconocer y entender al otro.

domingo, 17 de marzo de 2013


LA LOSA DE LA CULTURA PATRIARCAL

Parece mentira que a día de hoy, en pleno siglo XXI, con los avances en materia de comunicación, las nuevas tecnologías de la información, mayor acceso al conocimiento y a la educación, todavía pese tanto en el imaginario colectivo la losa de la cultura patriarcal, esa losa que durante tantas décadas ha privado a las mujeres de su propia identidad y libertad personal. Individuos de todas las edades se mueven por aquellos estereotipos de género que identifican que es “eso” de ser mujer y que le diferencia del hombre. Las mujeres culturalmente hemos estado “sometidas” a la condición de amante dulce, compasiva, empática ante las necesidades de los demás, nos han “obligado” a una dependencia asfixiante, pasiva, que hemos asumido para ser dignas del amor del otro. El rol que se identifica con el género, en el caso del masculino, de dureza, competitividad, acción y poder, relega a la mujer a un estado de subordinación y pasividad, que frena y aniquila el desarrollo de las mujeres en todo su potencial. ¿Por qué se sigue utilizando el sexismo y los estereotipos de género en las conversaciones, en los puestos de trabajo, en el hogar…..? Muy sencillo, porque sirve para legitimar y mantener los diferentes estatus entre hombres y mujeres. Y es aquí, en este punto, donde se identifica “el techo de cristal”, un techo que no es visible a los ojos pero que inevitablemente impide a las mujeres acceder a puestos o posiciones sociales de poder.

Algo tenemos que hacer ante esta realidad, que sigue manteniendo a las mujeres en situación de desventaja y desigualdad social. Por ello debemos educar en igualdad, rompiendo las barreras que impiden situarnos a mujeres y hombres en posiciones de horizontalidad. Y que mejor manera de hacerlo que apostar desde la educación por la lucha contra toda forma de sexismo, violencia y trato desigual. Educar desde la infancia en la tolerancia, en el amor y en la libertad de las personas con independencia del sexo.