NO A LA DISCRIMINACIÓN SOCIAL!!!!!!
sábado, 30 de marzo de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
EDUCACIÓN SOCIAL VS CULTURA DOMINANTE
Si
consideramos la democracia un proceso en el que intervienen distintos agentes
que participan en el mismo de una manera activa, donde todos los miembros
tienen voz y se respetan las opiniones de todos/as, estamos frente a un reto
como Educadores/as Sociales, puesto que debido a la cultura dominante y el
sistema capital, solo se escuchan las voces que poseen más poder y difícilmente
tienen peso los argumentos de las voces más quedas.
Como
Educadora Social enfoco nuestra labor educativa desde un paradigma socio-crítico atendiendo a la
definición que de él aporta Popkewitz (1988) refiriéndose al mismo como el
conocimiento y la comprensión de la realidad como praxis, uniendo la teoría y
la práctica e integrando conocimientos, valores y acción. El conocimiento debe
estar orientado hacia la emancipación y liberación del ser humano, proponiendo
la participación de todos/as los/as integrantes como de sí mismo/a, en procesos
autorreflexivos y la toma de decisiones consensuadas, las cuales son asumidas
de un modo corresponsable.
Hago
por tanto una crítica a modos de enseñanza donde prima el cumplimiento de lo
establecido como norma, considerando que duerme las mentes creativas y mata la
construcción de ideas nuevas. La “obediencia” no es colaborativa, cooperativa y
democrática, sino una práctica técnica, instrumental y rígida que aún hoy se da
en distintos ámbitos de la educación formal y no formal. Nuestra praxis se
enfoca hacia la enseñanza-aprendizaje en
modos de vida que invitan a la participación, a la tolerancia, al pensamiento
crítico y reflexivo, ante aquellas realidades que resultan injustas y
desiguales. Nuestra manera de interaccionar con los/as educandos se basa en
relaciones donde se establecen la aceptación del otro desde una postura de
horizontalidad, estando abiertos/as a las distintas posturas que se expongan
mediante el diálogo conjunto. Como creemos en la igualdad de oportunidades para
todos/as, se establece como eje principal en el intercambio comunicativo, ofrecer
a todos los miembros la posibilidad para iniciar conversaciones y de mantener
una determinada postura. El poder cuestionar y exponer razones en cuanto a
situaciones o formas de ver la realidad, sin que por ello nadie sea coartado
para exponer ideas nuevas, aún siendo contrarias al resto. En definitiva,
respetar por tanto las voces y reflexiones de todos/as aquellos/as que
participen en el proceso. Si democracia es igual a participación activa de
todos/as los/as miembros del grupo, construyamos espacios, momentos y lugares,
que nos ofrezcan la posibilidad de encontrarnos para poder compartir
sentimientos, reflexiones, críticas y aspectos de mejora en la relación
educador/a-educando.
La
participación es un derecho, pero no solo eso, es también una responsabilidad
social, donde es necesario aprender a respetarse, a relacionarse, a
comunicarse, a comprender y valorar las opiniones, a comprometerse y tomar
parte de una manera autónoma, con una perspectiva que sea global. Y como no,
toda comunicación efectiva y positiva necesita de un valor fundamental como es
la empatía, teniendo en cuenta que la resolución de los conflictos y
diferencias entre seres humanos es factible si sabemos reconocer y entender al
otro.
domingo, 17 de marzo de 2013
LA LOSA DE LA CULTURA PATRIARCAL
Parece
mentira que a día de hoy, en pleno siglo XXI, con los avances en materia de
comunicación, las nuevas tecnologías de la información, mayor acceso al
conocimiento y a la educación, todavía pese tanto en el imaginario colectivo la
losa de la cultura patriarcal, esa losa que durante tantas décadas ha privado a
las mujeres de su propia identidad y libertad personal. Individuos de todas las
edades se mueven por aquellos estereotipos de género que identifican que es
“eso” de ser mujer y que le diferencia del hombre. Las mujeres culturalmente
hemos estado “sometidas” a la condición de amante dulce, compasiva, empática
ante las necesidades de los demás, nos han “obligado” a una dependencia
asfixiante, pasiva, que hemos asumido para ser dignas del amor del otro. El rol
que se identifica con el género, en el caso del masculino, de dureza,
competitividad, acción y poder, relega a la mujer a un estado de subordinación
y pasividad, que frena y aniquila el desarrollo de las mujeres en todo su
potencial. ¿Por qué se sigue utilizando el sexismo y los estereotipos de género
en las conversaciones, en los puestos de trabajo, en el hogar…..? Muy sencillo,
porque sirve para legitimar y mantener los diferentes estatus entre hombres y
mujeres. Y es aquí, en este punto, donde se identifica “el techo de cristal”,
un techo que no es visible a los ojos pero que inevitablemente impide a las
mujeres acceder a puestos o posiciones sociales de poder.
Algo
tenemos que hacer ante esta realidad, que sigue manteniendo a las mujeres en
situación de desventaja y desigualdad social. Por ello debemos educar en
igualdad, rompiendo las barreras que impiden situarnos a mujeres y hombres en
posiciones de horizontalidad. Y que mejor manera de hacerlo que apostar desde
la educación por la lucha contra toda forma de sexismo, violencia y trato
desigual. Educar desde la infancia en la tolerancia, en el amor y en la
libertad de las personas con independencia del sexo.
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